ana maria hernando

Las Aberturas

Oler
estas plantas nuevas, apasionadas,
estos fulgores, estas decadencias.
Escuchar
todos estos latidos,
esta vida que está más allá
indiferente a mis idas y venidas,
mi corazón turbio
de huevo de agua.
Ver
mover los verdes transparentes,
líquidos de vientos y abejas.
Tocar
las aberturas, los órganos que esperan,
los bordes que me incluyen y no existen.

Pero todavía
no he puesto en mi boca
la redondez desconocida,
la hoja podrida,
el pétalo de amante.

¿Y si me animáse a probar
este peligro de lluvias y soles y abismos y muertes
encerrados en capullos nuevos?
Moriría.
Me atacaría una fiebre de gusanos blancos.
Haría mi pelo un nido en mi corazón.
O tal vez
ya nada importaría,
sólo Uno en la savia,
sólo esa sed por siempre satisfecha
de correr en la nada
hacia la tierra.

 

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The Openings

 

To smell
these new, passionate flowers,
these splendors, these decadences.
To hear
all these palpitations,
this life beyond,
indifferent to my goings and comings,
my turbid heart
is egg in water.
To see
moving
the transparent greens,
liquid winds and bees.
To touch
the openings, the organs that are waiting,
the borders that include me and don’t exist.

But still
I have not put in my mouth
the unknown roundness
the rotten leaf,
the lover’s petal.

And if I would dare to try
these dangers -of rains and suns and abysses and deaths-
locked in new buds.
I could die.
I could be attacked by a fever of white worms.
My hair could make a nest inside my heart.
Or may be
nothing would be important anymore,
only One in the sap
only that thirst forever satisfied
running in the nothingness
towards the dirt.